sábado, 30 de abril de 2011

G. de Berlanga


Luis García Berlanga fue y será uno de los mejores directores y guionistas que ha dado el cine español. Este cineasta valenciano debutó con la película Esa pareja feliz (1951), codirigida con Juan Antonio Bardem, otro destacado realizador y guionista (con quien colabora en sus primeros trabajos). Sin embargo, la situación política por la que atravesaba el país provocó sus continuos choques con una censura rígida que, en lugar de acallarlo, parecía incentivar la inventiva de Berlanga para nutrir su cine de dobles lecturas, ironía y un humor ácido con los que disfrazaba su feroz crítica social (posiblemente habría que “agradecer” a dicha censura el haber ayudado a fomentar el ingenio de éstos autores que se veían acosados y entorpecidos por su existencia, pero que a la vez les obligaba a desarrollar el talento que, puede, que de otro modo no hubiese salido a la luz). De este modo, Luis G.Berlanga se convirtió en una molestia para un gobierno que pretendía mostrar la perfección de la patria, la misma imperfección que el director reflejaba en sus obras. Sus personajes son, a menudo, caricaturas de personas reconocibles, representantes de los diferentes estamentos de una sociedad que se niega a reconocer sus carencias y su realidad. Su afán por desenmascarar esa realidad oculta “obliga” a que sus películas sean comedias, un género que bien utilizado resulta perfecto para este tipo de análisis; no obstante, si uno se detiene a observar aquello que se nos muestra, descubrimos en sus personajes circunstancias que confirman que la situación por la que atraviesan carece de toda gracia. Un ejemplo claro es El verdugo (1963), uno de sus mayores éxitos de crítica y un referente del cine realizado en España. En ella el cineasta presentó a un joven que, sin apenas darse cuenta, se ve obligado a aceptar un trabajo que detesta y a una mujer que únicamente pretende de él la estabilidad social (tener marido y piso a estrenar). Obligado por las circunstancias y por su incapacidad de decir no, se deja dominar por su conformismo y por la aceptación que amenaza sus valores y sus deseos. Ese conformismo social está representado magistralmente en el personaje al que da vida el actor italiano Nino Manfredi (la primera elección del realizador había sido José Luis López Vázquez, sin embargo al ser una coproducción hispano-italiana el actor tenía que ser transalpino), a quien secundan Emma Penella y José Isbert (en sendas interpretaciones memorables). Plácido (1961), el primer largometraje en el que Berlanga y el guionista Rafael Azcona trabajaron juntos, es otra película que critica abiertamente a la clase acomodada del franquismo. Llevar a un pobre a cenar en fechas navideñas limpia la conciencia de unos seres que el resto del año viven sin prestar la menor atención a la miseria que existe a su alrededor. Durante el metraje observamos como el protagonista Plácido, un hombre de familia, que se desvive para poder pagar las letras de un motocarro (su principal herramienta de trabajo), se ve inmerso en una serie de situaciones cómicas que en realidad no dejan de ser el reflejo grotesco de una limpieza de conciencia de una sociedad plenamente dominada por un bienestar que no desea perder. Estas dos obras maestras nacen de su colaboración con Azcona, con quien colaborará en sucesivas películas de indudable calidad, su relación marca un antes y un después en la filmografía del cineasta, dotándola de mayor acidez y carga crítica. Pero años antes de este encuentro, se produjo el debut en solitario de Berlanga en la dirección con Bienvenido Mister Marshall (1952), una comedia que se ubica en un típico pueblo castellano de la época, donde sus vecinos preparan ilusionados el recibimiento de las personalidades estadounidenses en quienes desean ver a una especie de reyes magos que harán realidad sus deseos. Esta divertida sátira pone de manifiesto la situación por la que atravesaba la España rural, que veía en las ayudas del plan Marshall una salida para la situación de atraso y pobreza en la que se vivía. Posteriormente, rodó Novio a la vista (1953), basada en un guión de Edgar Neville, y dos excelentes títulos interpretados por actores norteamericanos: Calabuch (1957) con Edmund Gwenn que interpreta a un sabio que aparece en un tranquilo pueblo de la costa y Los jueves, milagro (1957) con Richard Basehart. Dejando atrás los fracasos que significaron La boutique (1967) y Vivan los novios (1969), rueda en coproducción hispano francesa Tamaño natural (1973), retrato de un hombre acomodado (Michel Piccoli), aparentemente normal, cuya soledad le lleva a mantener una extraña relación con un maniquí, quizá uno de sus films más personales, extraños y queridos (junto con Plácido y La escopeta nacional), pero que no fue estrenado en España hasta 1978. A raíz de la transición democrática que se vive en el país, filma La escopeta nacional (1978) a la que siguen dos secuelas: Patrimonio nacional (1980) y Nacional III (1982). Trilogía en la que expone con gran sentido del humor una joven democracia y las oportunidades que ésta presenta a personajes (representativos de la nueva sociedad que ha heredado los fallos de la anterior) que pretenden sacar provecho de un momento propicio para aquellos que se muestren avispados y sin escrúpulos. Tras el éxito de la trilogía nacional llega La vaquilla (1985), una comedia que nos acerca a la Guerra Civil Española interpretada por un Alfredo Landa en estado de gracia (los años ochenta demostraron su verdadero talento) y que consigue una muy buena acogida. Sus últimas películas son irregulares comedias que no muestran el verdadera dimensión de la obra de éste genial director: Moros y cristianos (1987), Todos a la cárcel (1993) y París-Tombuctú (1999) (su última película). Su trayectoria profesional fue reconocida tanto nacional como internacionalmente, muestra de ello son algunos de sus galardones: Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1986, Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1981, Premio Nacional de Cinematografía en 1980, Goya al mejor director en 1993 y elegido en el Festival de Internacional de Cine de Karlovi Vary (República Checa) como uno de los diez cineastas más relevantes del mundo.






Filmografía como director y guionista

Esa pareja feliz (codirigida por Juan Antonio Bardem, 1951)
Novio a la vista (1953)
Calabuch (1956)
Los jueves, milagro (1957)
Plácido (1961)
Las cuatro verdades (Les quatre vérités) (1963) (episodio)
El verdugo (1963)
La boutique (1967)
¡Vivan los novios! (1969)
Tamaño natural (Grandeur nature) (1973)
La escopeta nacional (1977)
Patrimonio Nacional (1980)
Nacional III (1982)
La vaquilla (1984)
Moros y cristianos (1987)
Todos a la cárcel (1994)
París-Tombuctú (1999)
El sueño de la maestra (2002) (cortometraje)



Premios y menciones

Nominado al Oscar a la mejor película de habla no inglesa por Plácido
Premio Nacional de Cinematografía en 1980
Medalla de Oro de las Bellas Artes en 1981
Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 1986
Goya al mejor director por Todos a la cárcel


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