domingo, 31 de julio de 2011

Cinco tumbas para El Cairo (1943)

 La agilidad y el desparpajo narrativo de Wilder ya se encuentra en Cinco tumbas para El Cairo (Five Graves to Cairo), una de sus películas menos conocidas, pero al igual que otras de mayor renombre funciona como un reloj de precisión. En este film se mezcla la comedia, el bélico y el suspense para transmitir la constante sensación de la amenaza a la que el cineasta expone a los protagonistas, una amenaza que implica ser descubiertos por los alemanes con quienes comparten un espacio reducido, casi espectral, donde un primerizo Billy Wilder no dejó nada al azar, consciente de lo que quería ofrecer al espectador. Esta seguridad de saber qué quiere desde una perspectiva cinematográfica apunta hacia la grandeza de su cine posterior, aquel en el que alcanzó la perfecta armonía entre el guión (que conocía a la perfección, no en vano él mismo los escribía) y su puesta en escena. Por ese motivo, Cinco tumbas para El Cairo mantiene su frescura a pesar del paso de los años, lo cual se agradece, pues permite disfrutarla desde su inicio hasta su conclusión. Pero, en un principio, esta excelente propuesta bélica de Billy Wilder no fue bien recibida por parte de la crítica, sin embargo, tan solo se precisa un visionado para comprender la brillantez de una película que, además de intriga, posee ciertas dosis de humor wilderiano, que recaen en el general italiano (Fortunio Bonanova) y en Farid (Akim Tamiroff), el dueño del establecimiento. Aunque el verdadero acierto reside en encajar esa comicidad dentro del constante peligro que rodea a unos personajes dominados por la ansiedad y el temor a ser descubiertos por los soldados alemanes que se alojan en el hotel donde se desarrolla la trama. La acción se ubica durante la Segunda Guerra Mundial, en el Norte de África, cuando el ejército británico se bate en retirada y las fuerzas teutonas avanzan victoriosas. Más muerto que vivo, John Bramble (Franchot Tone), soldado británico y único superviviente de su unidad, consigue llegar hasta un pueblo fantasma tras deambular sin rumbo a través del desierto. Como consecuencia de la insolación y de la falta de nutrientes sufre alucinaciones, se encuentra débil y no puede evitar desmallarse segundos antes de que se presente un regimiento alemán bajo el mando del mariscal Rommel (Erich von Stroheim). Los oficiales germanos han escogido el hotel donde John yace moribundo como su cuartel general, circunstancia que obliga al soldado inglés a asumir la identidad de Paul Davos, un camarero muerto tras un bombardeo. Su situación no resulta sencilla, y para poder sobrevivir necesita la colaboración de Mouche (Anne Baxter), la asistenta del hotel, y de Farid, quienes colaboran con él a pesar de ser conscientes de que si descubren la verdadera identidad del soldado serán ejecutados por traición. Tras su recuperación, John se adapta a la perfección a su nuevo papel de empleado, sin embargo, en un primer momento desconoce que suplanta a un camarero que en realidad era un espía y parte importante dentro de los planes de Rommel. A riesgo de las vidas de sus encubridores y de la suya propia se ve en la obligación de continuar una farsa que le permite tener acceso al plan del Mariscal de Campo. Así descubre la existencia de las cinco tumbas excavadas años antes de desatarse la contienda, donde un grupo de ingenieros alemanes escondieron material bélico y combustible suficiente para conquistar El Cairo en cuanto estallase la guerra.

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