martes, 26 de julio de 2011

El maquinista de la General (1926)

Cualquier largometraje de Buster Keaton sirve para constatar su maestría en el slapstick, pero sin género de dudas, uno de los más famosos es El maquinista de la General (The General), obra fundamental de la comedia silente, codirigida por Clyde Bruckman, en la que el movimiento es principio y fin de la odisea en la que se ve implicado Johnnie Gray (Keaton), un joven que tiene su corazón dividido entre dos amores: su locomotora y Annabelle (Marion Mack), la chica de sus sueños. Poco después de que los rótulos nos informe de sus pasiones, estalla la guerra entre el norte y el sur, y Johnnie, como cualquier otro sureño que se precie, acude a la oficina de reclutamiento, donde lo rechazan porque consideran que será más útil como maquinista de la locomotora. Pero él se resiste a aceptar la negativa y de nuevo vuelve a la carga, aunque asumiendo una identidad distinta a la suya. Su deseo de prestar sus servicios en el frente, defendiendo los intereses confederados, una vez más choca con el rechazo administrativo, lo cual le obliga a asumir su condición de no soldado y el desprecio de quienes le rodean, chica incluida, porque lo consideran un cobarde. Esta incómoda situación le sirvió a Keaton para dar forma a un héroe a la fuerza, torpe, pero con recursos ilimitados, que se encuentra inmerso en un hecho tan insólito como extraordinario: el robo de La General y el secuestro de Annabelle, un dos por uno que lo convence para iniciar un rescate desesperado, divertido y repleto de trabas que lo conducen más allá de las líneas enemigas. Por si fuera poco, Johnnie descubre un complot que, de llevarse a cabo, permitiría a las tropas de la Unión tomar por sorpresa a los soldados confederados. Así pues, una vez recuperada su querida General y con su amada liberada, el maquinista decide regresar a territorio enemigo y desbaratar sus planes.
El maquinista de la General expone en toda su dimensión las características del personaje creado por el cómico, un joven de aspecto frágil y de rostro impenetrable, aunque siempre decidido a superar desde un ritmo endiablado cualquier situación límite que le salga al paso, trabas que permiten a Keaton desplegar su agilidad, su comicidad y su innegable ingenio. Como consecuencia, la película es una magistral lección de ritmo narrativo que combina humor, movimiento y emoción, pero su gran acierto reside en la complicidad que esta mezcla despierta en el espectador, que asume agradecido el ser testigo de la constante lucha de un maquinista que no desiste en su intención de demostrar su valía y su capacidad para hacer reír y vibrar. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario