martes, 9 de agosto de 2011

Bola de fuego (1941)


Lenguajes, lenguas, idiomas, expresiones, palabras forman parte de la comunicación y de la cotidianidad humana. Forman parte de nuestra evolución y se encuentran en constantemente transformación. Se trata de una evolución que apenas percibimos, pero que se está produciendo ahora, mientras nos comunicamos. Lo hace según necesidad y capricho. Expresiones que antes eran válidas, ahora desaparecen o son sustituidas por nuevas formas. Es un proceso vivo, quizás no demasiado emocionante para quienes no están al corriente. Pero al profesor Potts, el personaje de Gary Cooper en Bola de fuego (Ball of Fire, 1941), le emociona. Es su oficio, su único interés, su vida, aunque inicialmente estudie las palabras y las expresiones como si estuviesen muertas, quizá porque él está dormido. La irrupción del barrendero lo despierta e ilumina. Al escuchar su jerga comprende que algunas palabras que detalla en la enciclopedia, que él y otros siete intelectuales llevan nueve años escribiendo, han quedado obsoletas. De ese modo comprende que necesita acercarse a la realidad, para captar la vivacidad de las expresiones, estudiarlas y comprenderlas, puesto que solo así podrá incluirlas en la obra que preparan fuera del mundo. Como intelectuales puros viven en un estado mental y teórico, viven encerrados en una mansión donde el exterior no tiene cabida, salvo en la visita de la hija del mecenas fallecido y de su abogado. Allí preparan la que quizá sea la enciclopedia más completa escrita hasta entonces, ya que incluirá una entrada con varias líneas sobre su mecenas. Esto que parece serio, no tiene porqué serlo, al menos no en manos de Howard Hawks.


Bola de fuego (Ball of Fire, 1941) es una magnífica comedia de enredo, que presenta características del cine gangsteril y del film negro, puesto que, salvando las distancias, existe un parecido razonable entre la cantante interpretada por Barbara Stanwyck y la mujer fatal que emplea la seducción para conseguir sus objetivos —aunque Sugar ni es fatal ni tan manipuladora como el personaje que la propia Stanwyck interpretaría tres años después en Perdición (Double IndemnityBilly Wilder, 1944). Asimismo, hay un gánster (Dana Andrews) que no muestra el menor remordimiento por sus actos criminales y también existe una víctima, que no es otro que Bertram Potts (Gary Cooper), un hombre despistado y atraído por la belleza y la desbordante vitalidad femenina, ambas irresistibles, de las que nunca desconfía. Su inocencia y la de sus compañeros son evidentes, y Sugarpuss (Barbara Stanwyck) no duda en aprovecharse de esa ingenuidad común a los siete teóricos. Los utiliza a su antojo, a la espera de poder abandonar un lugar que solo le sirve de refugio temporal. Hasta aquí la posible relación con el film noir, que 
Hawks presenta sin negrura, solo con comedia porque lo que predomina en todo momento es el humor, el enredo y la diversión, de la cual los profesores que viven con Potts son en parte responsables, quizás los más responsables. Ellos ofrecen la imagen simpática e imprescindible para el desarrollo de la comicidad que reina en el hogar que comparten y que sufrirá la caótica alegría que implica la irrupción de Sugar, con ella o gracias a ella se produce una evolución en sus vidas. La presencia de la chica les confiere la energía suficiente para descubrir que, a pesar de sus años y de sus inquietudes intelectuales, existen otras cosas que les pueden llenar (algo tan simple como la conga puede hacerles sentir felicidad).


<<Si nuestro trabajo va despacio es porque el mundo va muy deprisa>>, esta frase puesta en boca de Potts, encaja o parece sacada de un guion escrito por la pareja formada por Charles Brackett y Billy Wilder (un año después éste último dirigiría su primera película en Hollywood), y así es; el guion en el que se basa Bola de fuego es suyo, pero el film es totalmente hawksiano: un grupo de hombres aislados en un espacio restringido para el resto, quizá un espacio atípico y una rutina armoniosa que se transforma a raíz de una presencia femenina. Tanto en sus comedias como en aventuras o westerns, en el cine de Hawks hay un tira y afloja entre sexos, pero esa lucha no es destructiva, sino parte de una armonía que nace a partir del choque.


Uno de los grandes aciertos de
Howard Hawks es evitar las escenas innecesarias o aquellas que alteren en el tono cómico anunciado desde el primer momento. La presentación de los personajes, sus diálogos, la utilización de los vulgarismos de las personas de la calle, contraponiéndose a las cultas y refinadas expresiones utilizadas por los profesores, proporcionan un ritmo absorbente que permite disfrutar de una agradable sucesión de hechos en los que se ven involucrados este simpático grupo de marginados intelectuales. Bola de fuego es una gran comedia, que posee los ingredientes necesarios para ofrecer lo que promete, gracias al trabajo de su elenco, a la puesta en escena de Howard Hawks y a las múltiples situaciones que invitan a la sonrisa. No ocurriría lo mismo seis años después, cuando el propio Hawks realizó Nace una canción (A Song Is Born, 1947), con Danny Kaye en el papel de Gary Cooper y Virginia Mayo en el de Barbara Stanwyck, ya que, en su conjunto, carece del ingenio de Bola de fuego, a pesar de ser una comedia entretenida e incluso con momentos de mucho ritmo.

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