martes, 30 de agosto de 2011

El último refugio (1941)


El último refugio (High Sierra) marca la línea divisoria entre el cine gansteril de la década de 1930 y el cine negro de la década siguiente. Podría hablarse de ella como una película de transición que da paso al film noir propiamente dicho. La aparición de un personaje femenino fuerte, peligroso, primera imagen de la mujer fatal capaz de utilizar a quienes le rodean para alcanzar sus fines se presenta desde una perspectiva de inocente que engaña a Roy Earle (Humphrey Bogart), quien se deja atrapar por esa imagen que le aleja del mundo del hampa y de los seres que en él habitan. La importancia que cobra el personaje femenino es vital para el desarrollo de la historia, algo que no sucedía en los anteriores films de gangsters, situación que se pone de manifiesto en el influencia que la joven Velma (Joan Leslie) tiene en el devenir de unos hechos que marcan el camino del protagonista. El director Raoul Walsh realizó una magnífica película negra, narrada con gran agilidad y maestría, cuya acción se desarrolla sin concesiones de ningún tipo, únicamente frenada para descubrir la personalidad de un tipo que vive en una continúa lucha entre el bien y el mal que habitan en su interior. El último refugio no permite que Roy Earle sea un ser monocromático, ni bueno ni malo, sino que muestra un individuo dual, marcado por un conflicto que le obliga a transitar por una existencia que de buen grado cambiaría, si no fuese demasiado tarde. El tiempo de Roy Earle termina, él lo sabe, es un animal acorralado, condenado por su pasado, ya no tiene nada que perder. Tras ser puesto en libertad, acepta dar un golpe y trasladar el botín a un refugio de California. Sin embargo, la situación se le escapa de las manos cuando se detiene en una vieja cafetería, apartada de la civilización, donde conocerá a esa joven cuyo futuro se encuentra truncado por una minusvalía que altera el pensamiento del criminal. Roy desea ayudarla, encuentra en ella a un ser desvalido, frágil y puro que merece su compasión, su admiración y en quien volcar sus mejores sentimientos. Se ha decidido, debe ayudarla, pero antes debe llegar al refugio donde le aguardan hombres de su misma condición, seres sin escrúpulos que aguardan por el botín, a quienes acompaña Marie (Ida Lupino) una mujer que, aparentemente, le resulta como todas las que ha conocido anteriormente, opuesta a la imagen idealizada de Velma. Sin embargo, Marie posee buenos sentimientos, sobre todo hacia ese tipo duro llamado Roy Earle. La historia de Roy es una historia sin esperanza, por ello siente que su vida puede tener un sentido si logra ofrecer una oportunidad a Velma, porque la muchacha se lo merece, pues en ella ha descubierto a alguien totalmente diferente. Así pues, su decisión se convierte en su último intento, la última oportunidad para hacer algo que valga la pena, sacrificarse por un ser que merece ese último esfuerzo. El guión escrito por John Huston y W.R.Burnett, basado en la novela de este último, esta perfectamente desarrollado, cuenta con unos personajes bien definidos y muy bien trabajados, sobre todo el personaje interpretado por Humphrey Bogart, un papel que pasa por ser su primer protagonismo absoluto, aunque con anterioridad había protagonizado algún título menor como La Legión negra (1936). Y que llegó a sus manos tras ser rechazado por algunas de las estrellas principales de la Warner, como fueron los casos de Paul Muni, James Cagney o George Raft; de este modo, la oportunidad largamente esperada fue aprovechada por un actor que creó un personaje inolvidable, marcado por esa constante intención de huir de un pasado que golpea un presente que se le escapa, sin que pueda hacer nada para evitarlo. En 1949, el propio Raoul Walsh filmaría Juntos hasta la muerte (Colorado territory), una nueva versión del guión en clave de western, así como en 1955 Stuart Heisler realizaría He muerto un millón de veces protagonizada por Jack Palance, pero que está muy por debajo de la original.

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