domingo, 21 de agosto de 2011

Sin novedad en el frente (1930)

La apertura de Sin novedad en el frente (All quiet on the western front) se produce en una escuela, lugar que representa el futuro de la nación, donde se educa y prepara a las nuevas generaciones que algún día asumirán el destino de la sociedad. Sin embargo, puede que ese futuro nunca llegue para muchos de los alumnos a quienes el profesor arenga con un discurso en el que exalta un patriotismo equivocado y desmesurado, en el cual alaba la grandeza de luchar por su país en una guerra rápida sin apenas bajas. La intención del maestro es clara, desea que se alisten en el ejército y participen en la Primera Guerra Mundial, sin importar la verdadera dimensión de una decisión que ya no pertenece a sus alumnos. La clase sucumbe ante unas palabras emitidas para provocar una falsa ilusión de satisfacción y de sueños de grandeza entre esos imberbes que desconocen el verdadero significado de la guerra. Cuando los muchachos llegan al campo de entrenamiento empiezan a comprender que se han precipitado, incluso equivocado. La gloria en el frente no existe, un descubrimiento duro y cruel, que se desvela desde el primer contacto con la verdadera acción. Los compañeros caen, la muerte y el hambre son constantes que no tardan en cambiar la actitud de aquellos ilusos, ahora convertidos en cadáveres o en veteranos desilusionados, que no alcanzan a comprender por qué luchan y mueren. Sin novedad en el frente es uno de los primeros films sonoros antibelicistas, una de las mejores producciones que desde el género bélico muestra el desastre que significa una contienda armada. Lewis Milestone supo sacar partido a la cruda y directa novela que Erich Maria Remarque escribió tras su experiencia en el frente, tanto en la obra literaria como en la cinematográfica se presenta la inutilidad y el sinsentido de la guerra, que se escuda tras el falso patriotismo que no tiene cabida en las trincheras, donde tampoco tienen cabida ni los mandatarios ni generales que envían a una muerte inútil a sus subordinados, en lugar de resolver sus diferencias con los homólogos vecinos (como dicen los soldados cuando se plantean el por qué), pues ellos son los responsables del conflicto, como también lo son los empresarios que intuyen el sustancioso beneficio que les reporta el enfrentamiento armado, aunque este signifique un alto precio para la patria que dicen defender y para las vidas e ilusiones de los miles de jóvenes que nada tienen que reprochar a un enemigo que no conocen. El sufrimiento que padecen en las trincheras marca el comportamiento de unos soldados hambrientos y asustados, muchachos que se alegran de seguir con vida, porque cuentan con un día más para respirar. La amistad entre los soldados, eje fundamental sobre el que se apoyan, es efímera, el tiempo que se les concede se encuentra limitado por cada ataque, donde muchos hombres sin futuro dejan sus vidas o parte de sí mismos. El desarrollo de Sin novedad en el frente se plantea desde aquella sala de la escuela, donde un grupo de jóvenes alemanes acepta alistarse por la grandeza que encuentran en las palabras de un maestro que se equivoca (consciente o no) en la exposición de la realidad, desde una falsedad que alienta en sus jóvenes pupilos la elección que les conduce hasta el campo de entrenamiento y posteriormente al frente occidental, donde no existe novedad, porque nunca se altera la presencia de la muerte, del dolor y de la desesperación. Todo está tranquilo en el frente occidental, porque no ocurre nada “excepcional”, tan sólo la pérdida inútil de esperanza, inocencia y vidas humanas, que se justifica en una mala interpretación del significado de la palabra patria.

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