miércoles, 7 de septiembre de 2011

2001: una odisea del espacio (1968)

 Arriesgada, compleja e innovadora, 2001: una odisea del espacio (2001: a space odissey) fue un paso evolutivo en la narrativa cinematográfica, en ella Stanley Kubrick ofreció una perspectiva visual novedosa, en la que las imágenes y la música se fusionan para crear una unión disociable que invita a los sentidos a presenciar escenas como el espectacular vals espacial. Pero antes de que las naves y la estación espacial dancen al son de la composición de Johann Strauss (hijo), 2001 se abre desde el amanecer del hombre, en un comienzo de gran impacto visual que presenta a un ancestro del ser humano que, ajeno a la habilidad del habla, inicialmente se muestra tranquilo, conviviendo con los de su especie y con el medio que habitan en aparente armonía. Todavía no han tomado razón de ser, pero en ese primer momento ya apuntan algunas de las características inherentes a la futura especie. Son seres sociales, protectores de su territorio y, a raíz del descubrimiento del monolito, curiosos, nace el pensamiento y su capacidad para dominar su entorno, tanto para la destrucción-construcción como para la caza. La idea de ser individual, apoyada en la violencia para prevalecer sobre sus semejantes, cobra forma en su repentina evolución. La inexplicable aparición en su territorio de un monolito negro altera su rutina y su pensamiento, aunque estos hombres-simios desconozcan su significado, comprueban que algo ha cambiado tras el descubrimiento ¿sería el monolito el desencadenante de su evolución hacia unos rasgos más antropológicos? Mediante una elipsis de cuatro millones de años, en la que un hueso se convierte en nave, la historia de la humanidad se traslada al espacio para ofrecer el espectáculo rítmico-musical que presenta como nunca un universo todavía desconocido para la especie humana. La concepción artística de Stanley Kubrick sustituye a las palabras, tan solo necesita mostrar esa combinación musical-visual que prescinde de los sonidos, ya no digamos de los diálogos, para mostrar la sensación de inmensidad de un espacio por el cual orbita la estación espacial a la que llega el doctor Floyd (William Sylvester); desde donde descenderá a La Luna para comprobar un descubrimiento similar al que alteró a sus peludos antepasados. Un nuevo monolito de las mismas características del anterior se ha desenterrado en un cráter lunar. Es un indicio de vida inteligente no humana, prueba irrefutable de la existencia de seres pensantes además de los humanos. Si no que se lo pregunten a HAL, la inteligencia artificial del Discovery 1, primera nave tripulada que se dirige a Júpiter dieciocho meses después de los extraños acontecimientos lunares. HAL siente, escucha, duda, incluso comete errores, características muy humanas, pero que los dos tripulantes no hibernados de la nave no pueden permitirle. Tras la conversación que mantienen Dave (Keir Dullea) y Frank (Gary Lockwood), HAL se siente amenazado, le entra el pánico y su instinto de supervivencia le obliga a aferrarse a la vida, aunque sea a costa de la de otros. La inteligencia artificial teme morir, el pensamiento de la muerte le provoca miedo, posiblemente por las mismas dudas sin respuestas que se acumulan en el cerebro humano. Poco después de descubrir que esa mente artificial posee sentimientos similares a los suyos, Dave vive una experiencia única que le brinda la oportunidad de descubrir parte del significado de algunas cuestiones que nadie ha sabido responder, ni siquiera una mente tan potente como la de HAL. Stanley Kubrick, como era habitual en sus películas, tomó bajo su control todos los aspectos creativos: dirección, producción, diseño y dirección de los efectos fotográficos y visuales, la elección de las composiciones musicales, entre las que destacan Así habló Zarathustra (que abre y cierra esta brillante reflexión sobre la evolución humana y las posibilidades que esta conlleva) de Richard Strauss y Danubio azul de Johann Strauss, y, por supuesto, la escritura del guión, en el que colaboró Anthony C.Clarke, autor del original literario que inspiró esta obra maestra que revolucionó la narrativa cinematográfica.

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