jueves, 15 de septiembre de 2011

Día de fiesta (1949)

La única persona que no cambia su cotidianidad ante las primeras horas del día de fiesta es esa anciana de lento caminar que presenta, mediante sus comentarios y su mirada, a unos vecinos alterados por el inicio de una jornada tan especial como esperada. Día de fiesta (Jour de Fête) no esconde sus intenciones cómicas, incluso las exagera ligeramente para retratar un mundo rural plagado de personajes típicos y reconocibles, realizada desde una perspectiva costumbrista y humorística en la que se pueden descubrir parte de las características posteriores del cine de Jacques Tati. ¿Qué sería de una fiesta de pueblo sin la presencia de los feriantes que llegan en busca de ese dinero que los habitantes de la aldea gastarán con sumo gustó? ¿cómo poner una nota de color y alegría si no es mediante los típicos banderines que ondean en las alturas? o, más importante aún, ¿qué ocurriría si no existiese la plaza del pueblo? ¿dónde se celebraría? Por suerte para ellos, tienen plaza mayor, así pues, el día de fiesta les invita a disfrutar de una jornada especial, llena de jolgorio, alegría y borracheras. Por este motivo ¿a quién le extraña ver a François (Jacques Tati), el cartero, entrando en el bar? ¿Alguien le puede reprochar que no haya opuesto resistencia y se haya dejado embaucar por los presentes, que no pararán hasta que se encuentre en un estado lamentable? Sus vecinos se burlan de él porque le gusta tomar una copita de vez en cuando, una vaso que debe ser disfrutado sin prisas; y si hay un segundo, bienvenido sea. Es día de fiesta, mofarse del repartidor del correo no es malo en una jornada festiva donde todo es alegría y diversión, que aumenta cuando presencian un documental donde se muestra la evolución de los carteros estadounidenses, eficaces, indestructibles, más que repartidores de correos semejan miembros de cuerpos de élite del ejército que cuentan con los medios más avanzados para que el correo llegue a su destino sin demora. El visionado de la película aumenta las burlas hacia ese funcionario que apenas se tiene en pie, y que no cuenta con más medios que su bicicleta y su pericia para realizar su labor diaria. Por ahí si que no pasa; a François le afecta que duden de su eficacia, así pues se propone ser más efectivo y más rápido: <<¡Rapidez, rapidez! A la americana>>. Desde el amanecer del día siguiente, instante en el que se propone ser más veloz, Día de fiesta parece contagiarse del vertiginoso pedaleo que imprime este cartero despistado, que de participar en el Tour de Francia sería uno de los grandes favoritos a la victoria final, como demuestra cuando adelanta a un grupo de ciclistas profesionales. Jacques Tati rodó su primer largometraje ofreciendo un retrato cómico y entrañable en el que él mismo interpretó a ese personaje algo despistado, pariente lejano del señor Hulot, con el que ofreció una imagen pintoresca de un entorno tradicional en el que la fiesta sirve de escusa para romper la rutina de sus habitantes, permitiendo que exterioricen esa parte de sí mismos que no suele asomar en una jornada laboral.

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