viernes, 20 de enero de 2012

Carta de una desconocida (1948)

Max Ophüls fue uno de los directores que mejor supo retratar a personajes femeninos complejos como sería el caso de la joven romántica que protagoniza Carta de una desconocida (Letter from an unknown woman)una de las obras maestras del director centroeuropeo, en la que, con gran maestría y sensibilidad, mostró como la ilusión se convierte en tragedia para marcar a su protagonista femenina, quien nunca pudo olvidar aquel primer y único amor. La imposibilidad de que el amor triunfe queda patente desde el primer momento del film, cuando se presenta al personaje de Stefan (Louis Jourdan) como un hombre sin honor, derrotado y cansado de cuanto le rodea, quien pretende huir del duelo al que ha sido retado; y que mediante la carta descubrirá el motivo del mismo y de su propio fracaso, aceptando un destino con el que pretenderá asumir su responsabilidad en la trágica existencia de aquella mujer desconocida que pudo haber cambiado su vida. La historia de Lisa (Joan Fontaine) se descubre mediante la lectura de la carta que le envía a Stefan Brand; escrita en esos folios se encuentra la explicación de quién es y por qué le escribe precisamente a él. Como la mayoría de los personajes románticos, esta joven se encuentra condenada a sufrir una vida a la que se le niega la felicidad; al menos la que ella soñaría cuando descubrió sus sentimientos hacia su nuevo vecino. Lisa Berndle vivía su adolescencia como cualquier otra chica de su edad y condición cuando apareció aquel pianista, el mismo que en el presente lee la misiva; pero desde el primer momento que observó al compositor su corazón dejó de pertenecerle. Tras cuatro años en Linz, ciudad a la que se trasladó, sin desearlo, después del segundo matrimonio de su madre (Mandy Christians), Lisa regresó a Viena dejando todo tras de sí, porque sabía que en la capital austriaca podría volver a ver a Stefan, y con suerte conocerle. Un buen día, el pianista la descubrió observándole y, como buen mujeriego que era, no dudó en abordarla e invitarla a cenar; porque esa chica prometía y por eso se vieron durante algún tiempo. Lisa vivió un breve lapso de felicidad, en el que se mostró plena, dichosa y alegre ante la suerte de alcanzar su sueño de amor; sin embargo, la fugacidad de los buenos momentos se materializó cuando Stefan le informó que debía partir hacia Milán, con la promesa de que regresaría en dos semanas, que de un golpe se convirtieron en diez años de separación. No obstante la desgracia de Lisa se suavizó gracias al nacimiento del fruto de aquel amor, fugaz para él y eterno para ella, un niño a quien llamó Stefan en recuerdo de su padre, el mismo a quien no quiso acudir a pedir ayuda, porque ella deseaba ser la única mujer que no le exigiese nada. Elegir entre su hijo y su corazón debió resultarle duro, y así traicionó a sus sentimientos, accediendo a contraer matrimonio con Johann Stauffer (Marcel Journet), un hombre al que no amaba, y que no podría ocupar en su corazón el lugar reservado para el pianista, pero que podría dar un apellido a su hijo. Un nuevo encuentro con el pianista marcaría un nuevo rumbo, una nueva esperanza y un gran fracaso, pues Stefan Brand no la reconoció cuando se encontraron frente a frente; pero para Lisa esa cuestión careció de importancia (al menos en un primer momento), porque ella seguía enamorada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario