sábado, 18 de febrero de 2012

Autostop al infierno (1947)

En el interior de la casa ninguno sabe que es un rehén de Steve Morgan (Lawrence Tierney), como tampoco saben que sus vidas corren peligro. Contar como llegaron a esa situación es tan sencillo como extraño, pues no puede calificarse de otro modo que Jimmy Ferguson (Ted North) detuviese su automóvil y permitiese que un desconocido se sentase en el asiento del copiloto, pero más extraño resultó comprobar la actitud de un hombre del que Jimmy no sospecha que acaba de asaltar un banco. Continuando con hechos curiosos, se detienen en una gasolinera donde Jimmy charla con Jake Kenny (Glen Vernon), el encargado, mientras espera que la telefonista le ponga en contacto con su esposa (Marian Carr), a quien desea decirle que la ama y que en tres horas estará a su lado; este hecho puede no llamar la atención, pero sí lo hace la aparición de dos mujeres que, por una casualidad del destino, se acaban de conocer. Carol (Nan Leslie) y Agnes (Betty Lawford) necesitan que les lleven hasta San Pedro, así que se acercan al hombre que se apoya sobre el único coche que hay, y le preguntan si puede llevarlas, también se podría decir que ésto no es un hecho inusual, pero sí lo es que Steve acepte sin consultar con el dueño del vehículo, a quien poco importa esa desfachatez, porque se trata de un buen tipo que no se percata de que a su lado viaja un tipo vil y muy peligroso. La actitud de Steve continúa siendo desagradable, pues no duda en acosar a Carol e insultar a Agnes, una mujer que, en el interior de la casa, mostrará una personalidad carente de escrúpulos que le acerca peligrosamente al delincuente. Autostop al infierno (The devil thumbs a ride), un claro ejemplo de la serie B realizada por los estudios R.K.O., ofrece en sus sesenta minutos de duración los hechos que amenazan a estos cuatro fugitivos, sin que tres de ellos sean conscientes de serlo. A pesar de su escasa hora de metraje, también hay tiempo para mostrar al detective Owens (Harry Shannon) y a Jake Kenny, una curiosa pareja de perseguidores que se enfrascan en una partida de poker en la que el mozo de la gasolinera despluma a los policías que se sientan a la mesa. No obstante, habría que decir en favor de ellos que sólo se trata de un par de manos, pues no tardan en abandonar la timba para proseguir la caza de un hombre que no pretende dejarse atrapar. Steve sabe que la policía le persigue, esa certeza le impulsa a mostrarse violento y no duda en atropellar voluntariamente al agente de policía que les persigue y que les dispara, sin detenerse a pensar si en el automóvil viajan personas inocentes. Tras el accidente (crimen) Steve se da a la fuga, inventándose una historia increíble que convence a sus acompañantes para que dejen de insistir en regresar y socorrer a la víctima. Ese hecho tendría que haberles advertido de que se encuentran en compañía de un criminal, carente de cualquier asomo positivo, que no dudará en matarlos y que, evidentemente, no tiene el menor problema en mentir, ya que prácticamente lo hace con cada palabra que sale de su boca; y con una mentira más (que no la última) les convence para detenerse en la casa del amigo del que Jimmy ha hablado durante el trayecto. Sin ser ninguna obra maestra, la película, dirigida por un realizador eficaz como Felix E.Feist, posee el encanto suficiente para entretener y convencer de que se trata de un film compacto y preciso, una película que no oculta sus carencias en los diálogos, en los personajes o en la falta de presupuesto, sino que las utiliza en beneficio de una acción rápida e intensa que no decelera en ningún momento.

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