viernes, 1 de marzo de 2013

Tierra de audaces (1939)

La figura de Jesse James al igual que la de Billy el niño o la Wyatt Earp forman parte de la leyenda de una época en el que se produjo un avance imparable hacia los territorios del Oeste, donde el progreso y las injusticias sociales con frecuencia iban de la mano. Tierra de audaces (Jesse James), una de las mejores aproximaciones a la figura de Jesse James, se inicia señalando la codicia que impulsa a una compañía de ferrocarril a cometer abusos a pequeños propietarios a quienes expropian tierras mediante empleados sin escrúpulos, que se amparan detrás de una ley que no defiende los intereses de la justicia, sino de quienes pagan para conseguir su apoyo. Dentro de este sistema corrupto, Barshee (Brian Donlevy) se mueve como pez en el agua, coaccionando y asustando a los propietarios de las tierras que la línea ferroviaria necesita para expandirse. Pero la señora James (Jane Darwell) no muestra temor ante las amenazas de Barshee, postura que contraría al representante del ferrocarril y provoca que la intimide para que reconsidere su negativa, sin prestar atención a los dos jóvenes que inmediatamente frustran sus planes. Aunque la intervención de Frank (Henry Fonda) y Jesse James (Tyrone Power) no hace más que retardar lo inevitable, pues la ley al servicio de la compañía no duda en declararles proscritos poco antes de que se produzca la violencia muerte de la señora James. El único que parece alzar la voz ante tamaña injusticia es el propietario del pequeño periódico de la ciudad, el mayor Rufus Cobb (Henry Hull), personaje que aporta ciertas notas irónicas a un film dramático. Sus palabras encierran la crítica hacia un sistema que atenta contra los derechos de esa población saqueada por la todopoderosa compañía de McCoy (Donald Meek) y a la persecución de dos jóvenes a cuya vida se ha puesto precio. A partir de ese momento la existencia de los hermanos James se convierte en una constante de venganza y odio hacia el ferrocarril que les ha obligado a vivir como forajidos, golpeando a la compañía con constantes asaltos que no cambian el panorama dominante. La historia de Jesse James vista por Henry King no esconde su simpatía hacia un personaje romántico obligado a permanecer al margen de la ley, distanciado de cuanto ama, incluida Zee (Nancy Kelly), la mujer con quien se casa y quien le convence para que acepte el trato que le ofrecen los responsables de la compañía. La promesa de reducción de su condena provoca que el forajido se entregue, descubriendo la traición de la empresa y la imposibilidad de retomar una vida tranquila al lado de su esposa. La tragedia de Jesse James se desarrolla sin fisuras, con un excelente ritmo narrativo plagado de magníficas secuencias, algunas de las cuales posteriormente serían imitadas por grandes directores como Nicholas Ray o Sam Peckinpah.

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