miércoles, 15 de mayo de 2013

Más poderoso que la vida (1956)


En El extraño caso del doctor Jekyll y Mister HydeRobert Louis Stevenson describió como un científico, el doctor Jekyll, experimenta con una serie de sustancias que le convierte en el señor Hyde, que a pesar del mister que precede a su nombre poco tiene de caballero. Un caso similar se descubre en Más poderoso que la vida (Bigger than Life, 1956), pues su personaje principal, Ed Avery (James Mason), sufre una metamorfosis involuntaria después de que se le dictamine una enfermedad terminal que solo puede retrasarse mediante el consumo de un fármaco en fase de experimentación, que será el responsable de su drástico cambio, cuando se exceda con las dosis recomendadas por los expertos que le tratan. Pero antes de que Ed deje de controlar sus actos se le descubre en la escuela donde ejerce de profesor; allí se muestra paciente y comprensivo; a primera vista no se percibe nada extraño en él, ya que se trata de un hombre de medina edad, padre de familia y pluriempleado a tiempo parcial en una agencia de taxis, trabajo que realiza para poder ganar unos cuantos dólares extra con los que ofrecer a los suyos una existencia más acomodada. Durante su presentación también se observa que su salud no pasa por un buen momento, él lo sabe, aunque desconoce hasta qué punto el malestar que le ha aquejado durante los últimos meses puede cambiar todo aquello por lo que ha luchado. A partir del instante en el que se le dictamina la enfermedad terminal y la posibilidad de combatirla con la cortisona, la familia Avery se aferra a una esperanza que le permite mantener una existencia similar a la que han vivido hasta entonces; sin embargo, la situación ha cambiado, todos lo saben, sobre todo Ed, y así lo demuestra cuando regresa con los suyos después de su estancia en el hospital. La vida le sonríe, tiene la oportunidad de seguir al lado de sus seres queridos, por eso no sorprende que se muestre eufórico, cariñoso y complaciente, aunque algo no marcha como debiera, pues empieza a excederse con las dosis de cortisona, pero ¿quién podría reprochárselo, si para él esa sustancia es la diferencia entre vivir o morir? Con el trascurso de los días y su abuso del fármaco, éste provoca la alteración en su estado mental, y su nueva personalidad conlleva el engaño (a los demás y a sí mismo), el malhumor o el distanciamiento. La escena en la que entra en la farmacia, haciéndose pasar por un doctor, confirma que se ha enganchado, y en ese momento se sabe que a su enfermedad terminal habría que añadirle su adicción a la sustancia que altera su percepción de la realidad y su relación con Lou (Barbara Rush) o con su hijo (Christopher Olsen), a quienes no tarda en exigir una perfección absurda, que no es sino la muestra de la locura que le deteriora irreversiblemente. Lou es consciente de la transformación de su marido, pero también sabe que continúa con vida, por eso, esperanzada, acepta el inestable comportamiento de aquel, sin saber a qué atenerse o por qué se produce. Sin apenas percatarse, la idílica realidad que se desarrollaba durante los primeros días de recuperación se transforma en una trágica pesadilla que amenaza con un estallido de violencia, que puede producirse en cualquier momento sin que Ed sea consciente de ello, pues uno de los efectos secundarios del fármaco sería crear una psicosis en aquel que lo consume. Este hecho dramatiza una situación ya de por sí dramática, pues la única opción de alejar al Hyde que empieza a dominar en Ed sería la de dejar de consumir la sustancia que le mantiene con vida. Más poderoso que la vida ni se basa ni se inspira en el relato de Stevenson, sino en un artículo periodístico que informaba de un caso real, que Nicholas Ray expuso desde el drama humano que afecta a una familia condenada a sufrir las consecuencias de la grave enfermedad que amenaza con llevarse a un ser querido, quien a su vez, ajeno al control sobre sus actos, también amenaza con destruir todo aquello que han construido a lo largo de los años: el amor, el cariño, la confianza o la misma vida de sus allegados. Además de las excelentes interpretaciones de su pareja protagonista, Más poderoso que la vida muestra las virtudes de Ray, preciso y valiente a la hora de abordar intensos dramas de individuos inadaptados a un entorno (externo e interno): el caso del personaje encarnado por James Mason, también productor del film, un desahuciado de su propia existencia.

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